El cuerpo como unidad

Carne Cruda - Comentar -

Hace mucho tiempo que creo que la teoría está sobrevalorada, en consonancia con la sobrevaloración del “alma”. Esto tiene que ver con revalorizar las prácticas (que es de dónde nacen las “teorías” y a dónde deberían regresar, aunque muchas veces no lo hacen) y, sobre todo, revalorizar el cuerpo, como lugar de la práctica y de eso que algunos llaman alma. Entendemos aquí que no hay alma que habita en un cuerpo. Somos un cuerpo. Punto.

La antropóloga Eugenia Ramírez Goicoechea lo dice con tremenda claridad:

“Sólo podemos entender la cultura como forma social; sólo podemos entender las ideas como formas vivas, puestas en práctica por nuestros cuerpos en relación.”[1]

Entonces no vamos a teorizar sobre el cuerpo (ya se ha hecho tanto, que cansa). Lo vamos a registrar en su pureza, sin las coberturas que lo ocultan, que exhiben sobre el cuerpo lo que el cuerpo no es o no puede mostrar que es, como bien ha escrito France Borel:

“Desde el nacimiento, el ser humano es marcado por lo social, como si su desnudez natural fuera absolutamente inadmisible, insoportable, incluso peligrosa. Desde que el niño aparece, la sociedad lo atrapa, lo manipula, lo viste, lo forma y lo deforma, y de vez en cuando lo hace con una cierta violencia… La anatomía primera, la anatomía dada es siempre considerada como inaceptable. La carne en estado bruto parece tan intolerable como amenazante. El cuerpo, la piel, en su sola desnudez, no tienen existencia posible. El organismo no es aceptable más que transformado, cubierto de signos. El cuerpo no habla si no está vestido de artificios.”[2]

Así pues, que nuestros cuerpos artificiosos vean otros cuerpos sin los artificios, las vestiduras, los maquillajes, las poses para exhibir y ocultar. La verdad desnuda inscripta en el cuerpo.

Y a ver que piensan nuestros cuerpos de esos cuerpos… y de nuestros cuerpos que llevan una vida con tantas máscaras por delante.



[1] Ramírez Goicoechea, Eugenia. 2009. Evolución, cultura y complejidad. La humanidad que se hace a sí misma. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces.

[2] Borel, France. 1992. Le vêtement incarné. Les métamorphoses du corps. France: Calmann-Lévy Editeur.

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